Ella esta encerrada en su cuarto, sin darse cuenta que un vasto jardín habita atrás de su casa, sin percatarse de que aún más allá el mundo le ofrece opciones sin fin para ver, escuchar, sentir, oler, y todo aquello que su cuerpo y corazón le permitan experimentar. Su padre la mira desconcertado, él la ha invitado a salir muchas veces; le ha relatado sobre los paisajes que danzarán en sus ojos una vez que tome su mano y se deje guiar hasta los lugares má hermosos que él puede describir; le regaló un libro donde narra todas las aventuras que vivió para ella (para poderselas escribir); pidió a sus hermanos que hablaran con ella, que compartiertieran lo que ellos han visto cuando decidieron seguir a su padre. Pero todo es inútil. Ella no lo puede creer, se empeña en mirar fotos de logros ajenos y sollosar y suspirar, preguntandose porque nadie le enseñó a saborear el sol, el aire y la mar que tan dulces se ven en las fotografías. Empeñada en observar la pared frente a su rostro, y nada más.