para analilia Dos días en oaxaca, en la montaña, el frio nos hizo sus esclavos y el paisaje nos llenaba los ojos felices.
Un sujeto enorme y de voz pausada me mostraba, sin saberlo, el sentido de ser lo que intento ser. Un canadiense, cuya felicidad remitía a santaclaus, compartía las alegrias de su trabajo y la tristeza de sus viajes.
La noche nos envolvio a todos, casi cientodiez personas, y la mayoría buscó el refugio cálido de la cama. Nosotros que somos muchos, y cada vez más, nos quedamos a celebrar nuestra hermandad.
Ezequiel, sabio y amigo como siempre, nos pidió que recordáramos uno de los momentos más felices de nuestras vidas mientras nos ordenaba cerrar los ojos. Yo repasé mi vida y me detuve en ontario, frente al lago clearwater, una madrugada en que entendí qué soy yo (contodoloqueestoimplica) y luego el gozo se metió entre mis brazos y estalló en mi pecho y no volvió a dejarme nunca.
Pero la voz de Ezequiel interrumpió pidiendonos que abrieramos los ojos... y ahí estabas
tú, de rodillas, al centro del círculo que formabamos con nuestros amigos, justo frente a mí. Nerviosismo y emoción, no pude quitar mis ojos de los tuyos mientras tu voz se encargaba de recordar el tiempo que hemos estado juntos y de guiarme a futuros a tu lado y en las manos de nuestro Diseñador y Padre. Un anillo hecho de yesca y la petición de una vida juntos... ¿cómo negarme cuando la felicidad invita, cómo decir no a un futuro con sabor a eternidad?
Te amo.